jueves, 9 de marzo de 2017

Mis primeras andanzas con los videos xxx

La verdad es que mis primeras incursiones en diversiones de tono xxx no esperaron a que llegara el verano, ni mucho menos. Cuando, como he dicho, la primera avalancha de turistas veraniegos empezó a llegar en mayo, yo aún no tenía la soltura necesaria como para andar entre ellos. Pero lo que sí tenía era unas amistades que casaban perfectamente con las hormonas revueltas que por aquel entonces revolucionaban mi cuerpo, y fueron las que me dieron las primeras ideas para que eso se tradujera en diversión a tope.



Por ejemplo, mi amigo Darío, con el que después tendría una relación bastante apasionada, pero que ya contaré en su momento. Darío sólo era un año mayor que yo, así que estaba en un curso superior al mío, pero era bastante despabilado, y tenía algo que nosotros sólo soñábamos: su casa para él solo la mayoría de fines de semana, ya que sus padres visitaban a sus abuelos ancianos que vivían en el interior. Solían dejarlo con una nada a él y a su hermano, pero claro, como ya eran adolescentes, no es que la mujer estuviera pendiente de ellos todo el día.

Lo mejor es que Darío tenía permiso de sus padres para invitar a unos cuantos amigos en esos días; nada exagerado por supuesto, y nada de fiestas desenfrenadas, sólo unos cuantos chicos y chicas, menos de diez, para ver alguna película, jugar a los vídeojuegos o practicar algún deporte en las instalaciones de la casa. Por si no os habéis dado cuenta, los padres de Darío tenían bastantes pelas, y vivían en un casoplón que nada tenía que ver con mi pequeño piso de ciudad; pero no eran para nada gente estirada, les gustaba compartir todos sus lujos con amabilidad, y participaban de la vida social de la ciudad con toda normalidad, sin despliegues ostentosos ni nada de eso.

Total, que en uno de esos fines de semana, a punto de acabar el curso y cuando ya no teníamos exámenes que hacer, Darío nos invitó a su casa a pasar la tarde. Por diversas razones, unos cuantos no pudieron acudir a su invitación, así que al final sólo fuimos cuatro de nosotros; compramos palomitas y refrescos, y nos presentamos allí dispuestos a disfrutar del plan que nos había propuesto, hacer sesión extra de cine en su gran pantalla de plasma.


Nos preparamos el piscolabis, y la nana nos dejó a solas en el salón, a los cinco y al hermano de Darío, diciendo que se iba a acercar al centro a hacer unas compras y que volvería en un par de horas. La despedimos y nos dispusimos a elegir un título para ver, cuando de repente nuestro anfitrión sacó un pen del bolsillo, y nos dijo que nos tenía una sorpresa: las últimas novedades en videos xxx.

Aunque me tenía por una chica lista, por lo visto aún no lo era demasiado, así que pregunté qué era eso del XXX; Darío se echó a reír, y me dijo que significaba que era cine para adultos, vamos, que íbamos a ver videos porno. En ese momento sentí que un cosquilleo me atenazaba el estómago, porque mis padres eran muy cuidadosos con esas cosas y nunca permitían que tuviéramos acceso a ellas; y aunque mis compañeros empezaron a protestar y se resistían a ver eso, yo me quedé muda, y al final Darío pudo convencerlos para que, al menos, echaran un vistazo.

Como la menor de varios hermanos varones, yo tenía una idea bien clara de lo que era el porno amateur, por haber visto a mis hermanos desnudos y haberlos pillado de vez en cuando mirando vídeos guarros por internet. Simulé escandalizarme cuando empezaron a salir tíos con la polla fuera y tías abiertas de piernas, y a reírme nerviosamente, cuando vi que el hermano de Darío, Samuel, me miraba fijamente, adivinando que mis nervios eran una simulación, y que en realidad estaba encantada con lo que estaba viendo.

Y no lo voy a negar, aquello me estaba encantando. Cuando de pronto en una escena empezaron a salir tetonas xxx, y aquello se convirtió en una orgía salvaje, los demás invitados dejaron de protestar y empezaron a concentrarse en aquellos vídeos porno. Vi que Samuel se colocaba disimuladamente detrás mía, y que al oído me preguntaba si me gustaba lo que estaba viendo. Aunque yo era joven no era ninguna tonta, y por su tono adivine que estaba muy excitado, y que en realidad quería saber si a mí me pasaba lo mismo, y si estaba dispuesta a que lo arregláramos entre los dos.

Me quedé pensativa sin saber qué contestarle, y cuando quise hablar ya no pude hacerlo, porque escuchamos cómo la nana volvía de sus compras. Darío se apresuró a quitar los videos xxx, y puso alguna película que estaba de moda en aquella época; la nana entró, nos saludó, vio que todo estaba en orden y salió a hacer sus cosas. Y al parecer no se percató de que dejaba una habitación llena de adolescentes sudorosos y excitados, que se bebieron hasta la última gota de refrescos, al borde de la deshidratación.

Esa fue mi primera vez con el porno online, al menos de una forma directa. Las siguientes, pronto os las contaré.

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