jueves, 26 de enero de 2017

No hay como buscar ligue en Mallorca




Hola amig@s, quiero escribir en este blog todo lo que me ha ocurrido desde que llegué a Mallorca hace unos años, y por qué considero que no hay mejor lugar para lugar en toda la faz de la Tierra (a lo mejor exagero un poco, pero vamos, ya me entendéis).
Pues sí, yo emigré con mis padres y hermanos, desde la Península hasta Baleares, por razones de trabajo de mi madre, nada menos. Llegué allí con 15 años, una edad muy malita según mi padre, aunque mi progenitora lo tomaba más a cachondeo que otra cosa; y es que el pobre hombre, al ser la única chica de sus hijos, andaba preocupado por los derroteros que yo estaba tomando (y no iba muy desencaminado, el pobre).
Al venir de una ciudad del norte de España, estaba acostumbrada a que el sol apareciera muy temprano, y por contra, anocheciera muy pronto. Cuando los primeros días aquí en Mallorca vi que se hacía de noche mucho más tarde, lejos de cambiar mis ritmos circadianos y agobiarme, no hice más que pensar en todo lo que podía hacer para aprovechar el día. ¿Y sabéis qué fue lo primero que se me ocurrió?
Exacto, seguro que la gran mayoría lo habrá acertado: ligar. Eso era porque todavía era joven, que si me pilla unos años más tarde, por ejemplo ahora, hubiera tenido otras ideas más xxx, seguro. Pero por aquel entonces yo sólo aspiraba a conocer a muchos chicos, y a tener rollo con ellos de vez en cuando, nada extraño en una chica de mi edad, aunque debo reconocer que mi interés por los tíos ya era cada vez más evidente.
Nos mudamos a un apartamento, en un séptimo piso, desde el que podía verse la playa, y como llegamos al empezar el año, yo soñaba en cómo iba a ser mi primer verano allí, cuando pudiera ir a la orilla del mar luciendo bikini y viendo a todo el personal que allí se concentraba; pero nada me preparó para la que se montó allí en época estival.
A mis 15 años no pensaba mucho en el resto del mundo, por eso olvidé que Mallorca era un sito de turismo internacional. Y cuando a finales de mayo empezó a llegar gente, no sólo española, sino de todo el mundo, mis expectativas crecieron considerablemente. A esas alturas yo ya tenía un grupito de amigos en el instituto, todos de allí, y un par de amigas más íntimas, con las que quedaba a veces a dormir en casa; ellos se ofrecieron amablemente a orientarme por todo aquel caos, aunque como veréis más adelante, tampoco es que tardara mucho en cogerle el ritmo aquello por mis propios medios.
Pronto os contaré mis aventuras de jovencita calenturienta, pero por ahora os repetiré que, sólo por el lugar cosmopolita en que se convierte Mallorca en época de vacaciones (y no sólo estivales, en los últimos años muchos vienen a pasar también las Navidades), no creo que haya lugar en el mundo mejor para encontrar pareja (lo que hagáis con ella, ya lo dejo a vuestra elección).

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